En esta entrevista hablamos con Omar Sánchez, investigador del Área de Genética y Laboratorio Medioambiental de TAXUS MEDIO AMBIENTE, que ha realizado una estancia doctoral en la isla de Madeira. Su trabajo, en colaboración con el grupo MARE Madeira (Universidad de Madeira) y la Universidad de Oviedo, se centra en el estudio del caracol invasor Potamopyrgus antipodarum, comúnmente conocido como el Caracol del cieno de Nueva Zelanda, una de las especies exóticas invasoras más problemáticas a nivel europeo.
Con él exploramos el impacto de esta especie en ecosistemas insulares, las metodologías de detección, la importancia de la colaboración científica internacional y cómo este conocimiento se traduce en mejoras para la consultoría medioambiental en España.
¿Qué te motivó a realizar una estancia doctoral en Madeira?
Mi línea de investigación siempre ha girado en torno a las especies invasoras, sobre todo en ambientes continentales de agua dulce y terrestres. Pero los ecosistemas insulares tienen unas peculiaridades que los hacen especialmente vulnerables: muchas especies endémicas, un equilibrio ecológico muy delicado y, además, mucha presión humana, especialmente turística.
Me apetecía salir del sistema peninsular y estudiar cómo funcionan las invasiones biológicas en islas. Madeira me pareció el lugar ideal: insular, tropical y con una gran biodiversidad. Hablando con mis directores de tesis -Andrés Arias (Universidad de Oviedo) y Javier Granero (TAXUS MEDIO AMBIENTE)- vimos que tenía sentido buscar una colaboración internacional. Finalmente contacté con el grupo MARE Madeira, que trabaja sobre todo en invasoras marinas. Me entrevisté con ellos y les interesó mucho mi perfil y mi experiencia en TAXUS, especialmente en temas de muestreo y calidad de ecosistemas de agua dulce.

¿Qué papel has desempeñado dentro del proyecto?
Cuando llegué a MARE, ellos acababan de detectar por primera vez Potamopyrgus antipodarum, un molusco invasor dulceacuícola. Me contaron que estaban empezando a hacer su seguimiento, así que para mí fue perfecto porque ese es justamente mi ámbito de especialización. Me considero malacólogo, es decir, especialista en moluscos, y además, esta especie es una de las 100 exóticas invasoras más dañinas del mundo.
En Madeira la habían encontrado hacía poco, y al ser un grupo más centrado en el medio marino, tenían menos experiencia en agua dulce. Así que entré con una actitud muy colaborativa, dispuesto a aprender de su trabajo, pero también pude aportar con mi experiencia: desde diseño de muestreos, logística, análisis de comunidades… En ese sentido, tuve bastante autonomía. Diría que asumí un rol de liderazgo técnico dentro de los márgenes que me dieron, con mucho respeto hacia su estructura.
¿Por qué es tan importante el estudio del Potamopyrgus antipodarum?
Esta especie tiene una larga historia como invasora en Europa. Se detectó por primera vez en el siglo XIX, pero durante años se consideraba una especies autóctonas. Una vez que se identificó correctamente, se comprobó que era una especie neozelandesa y que podía formar poblaciones explosivas: más de 30.000 individuos por metro cuadrado, lo que conlleva una pérdida de biodiversidad significativa en el entorno donde se establece.
Lo más grave es que su fisiología le da ventajas enormes frente a otras especies:
- Tiene un opérculo que le permite retener humedad y sobrevivir a la desecación.
- Se reproduce por partenogénesis, generando clones hembra de forma continua.
- Es ovovivípara, por lo que los huevos se incuban dentro del cuerpo y evitan la mortalidad juvenil.
- Tolera cierto nivel de salinidad, lo que le permite invadir zonas de estuario.
Todo esto hace que altere profundamente los ecosistemas: compite por alimento y espacio, cambia la estructura de las comunidades, modifica parámetros fisicoquímicos del agua y altera las cadenas tróficas. Además, su abundancia puede engañar a depredadores como peces o aves, que lo consumen sin obtener valor nutritivo y que incluso puede salir vivo del aparato digestivo, porque el opérculo le protege de la digestión.
Por si fuera poco, los moluscos como este pueden actuar como hospedadores secundarios de parásitos (duelas del hígado, trematodos), lo que supone un riesgo para fauna, ganadería e incluso personas. Desde el enfoque One Health, es un problema de salud ecosistémica y pública.

¿Qué metodologías se han utilizado para el estudio?
Hemos trabajado principalmente con muestreo tradicional de campo: recogida directa de macroinvertebrados, prospecciones visuales, análisis morfológicos bajo lupa… En breve se incorporarán técnicas de ADN ambiental, que en TAXUS ya venimos aplicando y que tienen mucho potencial para mejorar la detección temprana de invasoras.
¿Qué valor ha tenido esta colaboración entre Asturias y Madeira?
Muchísimo. Hasta donde sabemos, en la región de la Macaronesia no se había realizado antes un estudio de este tipo centrado en macroinvertebrados invasores. Esta colaboración entre TAXUS MEDIO AMBIENTE, la Universidad de Oviedo y el grupo MARE Madeira ha sido una experiencia pionera.
Además, abre la puerta a nuevas líneas de trabajo y mercado en territorios insulares, donde la biodiversidad es muy rica pero también muy frágil. Este tipo de alianzas fortalecen nuestra capacidad técnica y también nuestra proyección internacional.

¿Cómo se puede aplicar este conocimiento al trabajo de TAXUS?
En TAXUS llevamos tiempo trabajando con EEI (especies exóticas invasoras), pero muchas veces integradas en estudios más amplios, como parte del análisis de calidad de aguas. Este proyecto ha supuesto un cambio de enfoque: trabajar de manera directa y focalizada sobre una EEI concreta, con objetivos muy definidos.
Además, en la Península Ibérica, esta especie ha sido bastante ignorada. Hay una tendencia a centrarse en las “especies bandera”, que son más visibles o mediáticas. Este proyecto nos recuerda que hay otras igual de problemáticas que pasan desapercibidas y que merecen atención técnica.
Toda esta experiencia nos permite mejorar nuestros servicios, ofrecer una consultoría más afinada y fortalecer nuestro enfoque en biodiversidad, bioseguridad y conservación.
¿Cómo ha influido esta estancia en tu crecimiento como investigador?
Ha sido una experiencia muy enriquecedora. A nivel profesional, me ha permitido salir de la rutina, enfrentarme a nuevos retos, conocer otros modelos de trabajo y aportar en un contexto internacional. El grupo MARE integra investigadores de Europa, América del Norte y del Sur, y eso genera un ambiente muy estimulante, tanto científico como cultural.
A nivel personal, es un viaje que te abre la mente. La ciencia gana mucho cuando se trabaja en red y se sale del territorio propio. Para mí, ha sido una oportunidad de crecimiento total.
¿Qué mensaje te gustaría transmitir a los jóvenes investigadores?
Les animaría sin duda a hacer una estancia internacional. Es una experiencia que te cambia, te forma y te conecta con otras realidades. Aprendes mucho, aportas al grupo de destino y vuelves con una visión más amplia de lo que significa investigar.
Nos podéis contactar en info@taxusmedioambiente.com, en el teléfono 985 24 65 47 o en nuestro formulario de contacto.






